Todo sobre la terapia provocativa

¿Qué es?

Es una manera con la que ayudamos a nuestros pacientes no respaldándoles, sino desafiándoles.

Estoy convencido de que un paciente mejora más rápidamente cuando es enfrentado a un desafío que cuando es escuchado pacientemente y apoyado.

¿Para quién es?

Psicólogos, psiquiatras y médicos usan la terapia provocativa para ayudar a pacientes con amplia variedad de problemas psicológicos. Por ejemplo:

Depresión, ansiedad, adicciones, problemas de pareja, problemas en el trabajo, problemas de personalidad, entre otros.

“Fuimos a Federico para terapia de pareja. Es un hombre amable, que sabe escuchar muy bien e identificar los problemas rápidamente.”
P. de Ámsterdam

¿Cuál es el resultado?

  • aumento de la asertividad
  • aumento de la fuerza
  • aumento de la percepción realista de sí mismo

¡Y todo eso es posible desde las primeras sesiones!

 

“Su planteamiento aclara de forma realista y directa. Federico da prueba de una amplia experiencia en su profesión.”
C. de Madrid


En esta página puedes leer sobre:

  1. Los principios principales
  2. El enfoque de Federico Sarink
  3. La historia de la terapia provocativa
 

Los Principios Principales

Hablamos de Frank Farrelly, el fundador de la terapia provocativa, en la sección de la historia. Elaboró sus ideas sobre la función de su terapia en el libro “Provocative Therapy” (1974). En Holanda, Inglaterra y Alemania psicólogos clínicos adaptaron sus ideas. Aplicando estas ideas en sus propias consultas surgieron nuevas sobre la función de diferentes elementos de esta terapia. Así ahora podemos usar los 6 principios principales como guías en las sesiones con nuestros pacientes.

Este principio trata sobre la situación en la que un amigo tuyo te pide un consejo, que probablemente no seguirá. Al revés, cuando este amigo tuyo está hablando de un objetivo y tú le miras con expresión de duda, es muy probable que tu amigo se sienta desafiado y tenga más ganas de lograr su objetivo.

Por eso utilizamos técnicas en la terapia provocativa en las que tiramos de la ‘cola’ del paciente, para que avance hacia su objetivo.

Honestamente, a mi me gusta que la gente me vea simpático, capaz y profesional. Además me gusta ayudar a la gente y recibir su gratitud. Es por esta razón por la que me he convertido en un psicólogo clínico después de unos años trabajando cómo asesor en empresas. Reconozco en muchos compañeros en todo el mundo el mismo deseo: ser valorado como buena persona y profesional por los colegas y los pacientes. La consecuencia es que en la psicología mucha gente trata de ser demasiado simpática.

Enfrentarse a los pacientes conlleva el riesgo de una valoración negativa, algo que normalmente queremos evitar. Hablando con mis estudiantes y participantes en mis talleres siempre sale la mísma pregunta: “¿No vamos a perder pacientes por desafiarlos?” Mi experiencia y la de muchos más psicólogos provocadores en el mundo es ¡no! En el desafío que experimenta el paciente nota que estás aportando tu energía, tus propias ideas, y tu persona en la sesión. Sí, es posible que algunos pacientes se molesten. (La verdad es que eso pasa frecuentemente). Pero el desafío también refuerza la comunicación entre el psicólogo y el paciente. No sólo el paciente sino también tu tienes que salir la zona de confort, recibiendo así mucho crédito.

Los pacientes ya no me ven como un hombre muy simpático, pero me valoran como el psicólogo que está diciendo la verdad, que va al grano con ellos y que realmente les ha ayudado a mejorar. Es entonces cuando ellos me lo agradecen.

“Cada persona es diferente.” Es una frase que aprenden los estudiantes de la psicología de todo el mundo. Y claro, todo el mundo es único. Los psicólogos con amplia experiencia nos advierten que después de mucho tiempo trabajando con pacientes puedes observar muchas semejanzas y patrones. “¡Pero no te equivoces pensando que todos somos iguales!” La verdad es que 8 de cada 10 pacientes me dicen sorprendidos “¿Cómo es posible que me conozcas en sólo 30 minutos?” La razón es que uso la pauta ‘Lo más personal es lo más universal.’ Esta pauta me permite ir al grano rápidamente. Además los pacientes no suelen hablar abiertamente sobre sus problemas psicológicos con mucha gente. Por ejemplo por vergüenza. Así pueden aislarse de la gente importante a su alrededor. Un psicólogo revelando los secretos íntimos de estos pacientes usando las semejanzas y patrones les da la oportunidad de sentirse ‘normal’. ¡Problemas psicológicos tenemos todos! ¡Que alivio!

Un error frecuentemente visto trabajando con pacientes es observarles como personas vulnerables. ¡Vale, tienen problemas! ¡Vale, quieren y tal vez necesitan verdaderamente ayuda para salir de sus problemas! Además hay gente que ha tenido experiencias realmente malas en su vida. Pero todo eso no significa que:
1. es gente vulnerable
2. tenemos que tratar la gente como personas vulnerables

Creo que precisamente la gente que lleva años con problemas es gente que puede aguantar mucho. Es luchadora. No tiene nada que ver con ser vulnerable. Créeme, el desafío más grande de un psicólogo provocador no es nada comparado con los retos que la gente ha encontrado en su vida.

También vemos pacientes en nuestras consultas que no han sufrido tanto en la vida, sin embargo se encuentran mal. No sabemos si han vivido muchas experiencias fuertes en la vida o no. Reflexionamos profundamente en la situación en la que tratamos a nuestros pacientes como personas vulnerables. ¿Qué señal les damos? ¿Qué pasará? La señal: yo, el profesional, te veo débil. Tengo que ser muy cuidadoso contigo y la vida está llena de peligros. Así fomentamos la ansiedad y les decimos a los pacientes que no pensamos que son capaces de aguantar la vida. La consecuencia: Los pacientes reciben comprensión por su situación, pero no un impulso para fortalecerse.

Por todo eso el psicólogo provocador elige desafiar a sus pacientes. Usamos la fuerza interna de los pacientes para fortalecerles desde dentro. Nuestro desafío les da la señal de que creemos en su propia fuerza, en su carácter, en las posibilidades innatas. Les cuesta asimilar nuestros desafíos, eso sí. Pero como una paciente me dijo esta semana: “El desafío me obligó a recurrir a mi mísma. Fue difícil. Pero fue la primera vez desde hacía mucho tiempo que no me sentía como yo mísma. A causa de eso tuve que salir de mi depresión.”

¿Cómo nos abordamos las buenas intenciones y las mejoras mencionadas por los pacientes en la consulta provocativa? Es simple. ¡Nunca creemos tal mejora de nuestros pacientes! Mira, ¿cómo puede ser posible que nuestros pacientes cambien realmente cuando la mayoría de la gente recae en sus patrones anteriores? ¡Es demasiado bueno para ser verdad! En general es muy poco probable que la gente cambie de verdad, sobretodo cuando hablamos de nuestros pacientes!

¿Por qué no creemos a nuestros pacientes? ¿No es una manera de desanimarles?

La verdad es que después de buscar nuestra ayuda los pacientes vuelven a casa convencidos de que aplicarán nuestras sugerencias y harán las tareas que les hemos sugerido. Una vez en casa, después del alivio de la sesión, o a lo mejor cargados de inspiración, se encuentran con las tareas domésticas, el trabajo, los hijos, en resumen: la vida. En el mejor caso empiezan a cambiar sus patrones y mejoran ya un poco. Pero los patrones viejos son fuertes y persistentes. Es más fácil recaer en sus hábitos conocidos que realizar un cambio permanente. Todo el mundo sabe lo que ocurre con la mayoría de la gente después de los propósitos en del Año Nuevo. ¿Duran al menos tres semanas no?

Por lo tanto no creemos (tanto) a nuestros pacientes. Es muy normal que no haya un cambio inmediatamente. No creer en nuestros pacientes es a la vez una manera de decir: “¡Hola necio! Desde luego no cambias tan pronto. Cambiar cuesta, mucho. No pasa nada. Pero no hay que mostrarte mejor de lo que en realidad eres. ¿Trato?” Así creamos un entendimiento entre los pacientes y nosotros que vamos al grano sin engañarnos.

Hay otra razón para no creer a nuestros pacientes. Tiene que ver con el primer principio: tirar al ‘burro’ de la cola. ¿Qué pasará cuando les digamos a los pacientes que no tienen que o que no pueden cambiar? Eso es, se dirigen en la dirección opuesta a la que nosotros decimos.

Estamos de acuerdo que un buen profesional tiene sus cosas muy bien organizadas ¿no?. Su despacho, su administración, sus sesiones. Es normal que hable de un plan de tratamiento con sus pacientes. Si observamos la consecuencia de este control de la parte del psicólogo, vemos que excusamos a los pacientes de la obligación de retomar control de sus propias vidas. Sólo necesitan seguir los pasos del psicólogo en la sesión muy bien dirigida por él o ella.

Lo que queremos es que los pacientes retomen el control de sus vidas y se hagan más asertivos. Una manera es dejar el control, hablar de todo lo que nos venga a la cabeza, y tomar desvíos totalmente insignificantes. Si quieren alcanzar algo útil en las sesiones los pacientes así son estimulados para tomar el control. Al principio en las sesiones, pero después también en su vida.

Así un buen profesional provocador(-a) aparentemente no tiene sus cosas bien organizadas.

El enfoque de Federico

“El terapeuta me parece un buen hombre en el que puedo confiar. Con él puedo expresarme y me da opiniones realistas y aceptación.”
L. de Évora, Portugal

Ir al grano

Demasiadas veces he oído a mis pacientes decir que los tratamientos anteriores fueron útiles, pero no llegaron al fondo del problema. Aún en la consulta de psicólogos con experiencia es posible andarse con rodeos. Tanto tratando a pacientes por sus traumas con EMDR, como terapeuta familiar con familias y parejas, como psicólogo provocador, veo importante ir al grano con mis pacientes. No merece la pena andarse con rodeos porque cuesta tiempo, energía, vulnerabilidad y dinero.

Comunicación verdadera ​

Aunque el estilo provocativo es muy desafiante, siento que tengo mejor comunicación que anteriormente aplicando estilos tradicionales. Y mis pacientes opinan lo mismo. Para ser provocador de manera eficaz tengo que ser muy honesto y abierto. Tengo que usar la empatía como en el estilo rogersiano. Pero más que nada tengo que salir de mi zona de confort. No solo es un requisito para trabajar provocativamente, sino que me da mucha energía y satisfacción.

Avivar la ambivalencia ​

Como he explicado en la sección de los principios principales mi pauta principal es: ¡Aviva la ambivalencia! Porque siempre hay ambivalencia y envuelta en la ambivalencia encontramos mucha información sobre la motivación para cambiar y sobre las fuerzas que evitan o impiden cambios.


“Ha tratado con éxito unas experiencias laborales muy fuertes con EMDR. La terapia provocativa me vino muy bien. ¡Federico, gracias por hacerme reír de nuevo en vez de llorar!”
I. de Róterdam, Holanda

Confianza

Hacer que mis pacientes dejen su zona de confort significa que tengo confianza en su fuerza y en sus posibilidades. Creo que así les doy una señal muy clara. Además significa que confío en mi mismo. Saliendo de mi propia zona de confort, involucrándome en este proceso de terapia provocativa, estoy dando un ejemplo. Es decir que mucha gente ha aprendido que estar en relaciones con personas importantes (padres, amigos, novios, compañeros) significa que siempre tienes que ser muy cuidadoso. “Mejor que no digas todo lo que piensas.” “Decir la verdad significará el fin de la amistad.” En las sesiones conmigo les doy la oportunidad de practicar diciendo lo que de verdad piensan mis pacientes, de experimentar con los limites en relaciones y sobretodo la posibilidad de indicar sus propios limites. Así estoy mostrando mi confianza y a la vez los pacientes aprenden a tener más confianza en si mismos y en sus relaciones.

La historia de la terapia provocativa

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Frank Farrelly

Fue Frank Farrelly quien en los años sesenta empezó a encontrar los elementos para desarrollar su propia terapia. Empezó a trabajar como un joven psicoterapeuta sin experiencia pero con mucho entusiasmo. Notaba que su formación no era suficiente para enfrentarse con todos los tipos de pacientes y sus problemas. Sus supervisores no le daban respuestas ni soluciones satisfactorias. Así que continuó su camino para encontrar maneras de ayudar incluso a los pacientes más difíciles. Fue entonces cuando Frank Farrelly encontró una manera revolucionaria: la terapia humanista rogersiana de Carl Rogers. Aunque escéptico al inicio, Frank Farrelly notaba que aceptando a sus pacientes totalmente con sus diferentes maneras de ser tenía un efecto muy positivo. Pero después de bastante tiempo colaborando en los grupos de investigación de Carl Rogers y aplicando el estilo rogersiano en su trabajo, de nuevo Frank Farrelly encontró problemas trabajando con sus pacientes que él no sabía solucionar con su anterior formación ni en el estilo rogersiano. Por casualidad, e investigando un nuevo enfoque, Frank Farrelly estaba recopilando paso a paso los elementos de la terapia provocativa. Las dos hipótesis principales de Frank Farrelly resumen el carácter de esta nueva terapia:

  1. Si el paciente es provocado por el psicólogo (con buena comunicación, con humor y conectado a las vivencias del paciente), el paciente se moverá en la dirección opuesta a la definición que el psicólogo ha dado a este como persona.
  2. Si el paciente es estimulado provocativamente por el psicólogo (con buena comunicación, con humor y conectado a las vivencias del paciente) para continuar con su comportamiento contra productivo y apartado de la norma social, el paciente tendrá la tendencia de adoptar el comportamiento más beneficioso para sí mismo y para los otros, lo que esta más cerca de la norma social.

La gente suele recordar el aspecto del desafío, pero la base para realmente desafiar de manera eficaz a los pacientes consiste en la buena comunicación y el humor. Frank Farrelly pudo trabajar provocativamente gracias a su formación rogersiana. La buena comunicación y estar conectado a las vivencias del paciente son imprescindibles tanto en el estilo rogersiano como en el estilo provocativo. El humor puede funcionar como el antídoto para el malestar de los pacientes, puede aliviar el peso de los problemas emocionales y puede ayudar a los pacientes a tomar nuevos puntos de vista en cuanto a sus problemas. Un psicólogo provocador entonces usa tres diferentes ingredientes importantes: buena comunicación, humor y desafío. Frank Farrelly fue la primera persona llevando a cabo sus sesiones así, creyendo que sus pacientes se recuperarían mejor y más rápido que usando estilos más tradicionales.

Frank Farrelly nunca ha sido un experto en hacer publicidad. Fue un terapeuta dedicado a su trabajo y a sus pacientes. Dio la oportunidad de aprender el estilo provocativo por solo un libro, unos publicaciones y a través sus talleres en Europa. Su lema: “Aprender por osmosis.”

Fueron otros psicólogos europeos que adaptaron su terapia. Han escrito sus libros y publicaciones y han elaborados sus ideas en conceptos más fáciles de aprender. Lamentablemente nunca fue a España. Por eso hasta ahora no hay información sobre la terapia provocativa en castellano. Es mi objetivo llenar este vacío a través este sitio web, mis publicaciones, mis talleres y en un año un libro en castellano.